EL ANTIPERONISMO COMO ENFERMEDAD

EL ANTIPERONISMO COMO ENFERMEDAD

Jorge Rachid

Como todo proceso en el organismo, en éste caso social, sus síntomas se van encadenando en múltiples y complejas circunstancias, que muestran signos, cada vez mayores en gravedad.

El dato mayor de la enfermedad, es la pérdida de la capacidad de reflexión y la ausencia de pensamientos crítico, llegando a un cuadro de salud mental preocupante, perdiendo relación con la realidad por deterioro cognitivo.
Pero existen síntomas de fiebre recurrente, por “pousees” aguda, es decir disparados en determinados tiempos, con mayor virulencia, sin una causa específica que lo justifique, lo cual hace difícil su tratamiento, dada la dificultad de visualizar el origen mismo de la patología.

}El antiperonismo se transforma en el tiempo en una enfermedad crónica, pero transmisible a las nuevas generaciones, ya que tiene contagio vertical, desde el momento del parto y en su desarrollo en la conformación de la subjetividad en el proceso de socialización, en especial familiar.

Es una enfermedad que se alimenta del odio, expresando la lucha entre salud y enfermedad en términos del “bien y del mal”, actuando sobre las emociones, llevando a comportamientos binarios que generan grietas profundas en su entorno cercano, ya que no admite contraparte.

La racionalidad es reemplazada por la explosión irascible que niega cualquier explicación de la realidad, llevando su análisis sólo a la violencia verbal y física, actuando sin pudor frente a situaciones inhumanas, como el hambre, la indigencia, el dolor del despido, la situación de calle, que conmoverían a cualquier persona, pero que al enfermo antiperonista, sólo lo estimula al desprecio y a la indiferencia.

Es difícil de erradicar o controlar la enfermedad, dada su expresión  marginal a los mecanismos fisiológicos habituales, ya que no hay remedio conocido para derrotarla, ni prevención vacunatoria para prevenirla, ya que los tratamientos efectuados hasta ahora, como imágenes y ejemplos destinados a desarticular sus síntomas, han fracasado, pese a las mejorías notables,  experimentadas por los enfermos, en períodos de la contraparte cuando fue dominante, como los períodos peronistas.

Ante esos pacientes, no se debe perder la paciencia, ni enojarse con rencor, ya que tampoco ese camino logra desarticular el cuadro patológico expresado. El abordaje debe ser diferente, largo sin dudas pero efectivo en el tiempo, si se logra desmontar las causantes principales de la conformación del antiperonismo como enfermedad, que radican tanto en la comunidad como en el Estado, agregando causas externas, siempre alimentando la patología, en función de intereses extranjeros, que logran que sea aceptada masivamente la pérdida de soberanía nacional.

Entonces debemos aceptar al antiperonismo como una enfermedad sistémica, con la cual debemos convivir, nunca aceptar como normalidad, ni menos aún apuntalar su instalación por mecanismos espúreos, como tratarlos como sanos, ya que le hacemos un daño mayor a la  enfermedad que ya padecen, al apuntalarla.

La cura quizás no es del todo posible, pero a diferencia de los procesos propiciados por el antiperonismo, que intenta la eliminación del prójimo, los andariveles a transitar en su mejora, son los de la imagen espejada a su propia realidad, que demuestren palmariamente, que existen caminos diferentes de tratamientos, que aquellos que llevan al dolor social y a la pérdida de la Patria.

Eso significa estar dispuesto a desmontar las estructuras que enferman, aquellas que se han instalado a través del tiempo como normales, siendo naturalizadas, como el concepto de la importancia superior de la macro economía por sobre la calidad de vida del pueblo y la soberanía nacional.

No será fácil porque el virus antiperonista no sólo está vivo, sino apoyado en un entorno enfermo que no admite tratamientos, ni confrontaciones destinadas a mejorar sus propias vidas, sólo el odio instalado desde el poder, alimenta sus fauces, provocando un daño que viene destruyendo las defensas orgánicas, que responden dispersas en un sistema inumunológico, castigado por largos períodos de ataques sistemáticos al organismo Patrio.

No cejar en la construcción de un modelo social solidario y soberano, biocéntrico, latinoamericanista, revolucionario, que permita sanar las heridas abiertas en la Comunidad, como forma de recuperar el amor, como expresión de la militancia por un futuro con Justicia Social, Felicidad del Pueblo y Grandeza de la Nación.