EN DEFENSA DE LA MEMORIA DEL “CHINCHU” Y EL “PINGÜINO”
Como antecedente de esta noticia quiero realizar un comentario como preámbulo. Muchos mandatarios, son amantes de los cambios de nombre a las obras hechas e inauguradas por una gestión determinada, más que de proyectar, gestionar y realizarlas.
Miren si en cada gobierno se dedicaran a esa patraña, aplicando simplemente la composición mayoritaria de las cámaras o del HCD, como en este caso, qué manera obtusa de reescribir la historia, con ese carácter tan intrascendente y efímero, sobre todo, como en este caso subidos a una cuestión tan ligada a nuestro más profundo sentimiento nacionalista.
Ni siquiera vale la pena traer a colación el nombre que se quitará ni el que se la va a imponer, es un apenas un detalle, pero, salvo horrorosas e intolerables excepciones como la de los genocidas: Colón o Roca, todo lo demás es una mera representación de época, que adquiere la prepotencia de la circulación de los discursos ligados al poder de turno.
Pero, en cada pueblo de este bendito país transitamos por calles denominadas “Mitre”, tan repugnante personaje de nuestra historia como “Rivadavia”, que también corre con esa suerte; miren si decidiéramos borrar cada calle con ese nombre, en virtud de aquello que detestamos, ungidos por la transitoria omnipotencia del voto, déjense de joder, la política necesita resolver los verdaderos problemas de la gente.
Por eso señores y señoras, que tienen la responsabilidad de legislar, tengan la decencia de no atreverse a mancillar la memoria colectiva, en la que habita ese presidente elegido por el pueblo, que ustedes intentan borrar de un plumazo, olvidando que fue quien sacó el país de la segunda peor tragedia de su historia; actúan con el mismo manual que “La Fusiladora”, cuando arrancaban los bustos de Perón y Evita, queriendo en vano borrar su legado eterno.













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