LA POLÍTICA, UN TERRITORIO FÉRTIL PARA LOS OPORTUNISTAS

Raúl Ernesto Valobra
Entre propios y ajenos, entre pobres y ricos, entre clasistas y desclasados, transcurren los días y las semanas del 2023 hasta que aparecen los nefastos personajes de los años electorales, aparecen los oportunistas de siempre, los que se inmolan por un cargo, un puesto, una foto, se sienten en su salsa con esta efervescencia social que induce a que todo lo que se haga o deje de hacer esté tamizado por la mirada política.
Los viejos armadores de espacios nuevos, que vienen de fracaso en fracaso, repitiendo derrotas pero con la invalorable colaboración de algunos medios y periodistas que en virtud de coincidencias ideológicas, frustraciones sociales y miserias (humanas) compartidas, entonces le conceden protagonismos excesivos a quienes adolecen de relevancia, trayectoria y coherencia aunque luego se la reclamen a otros candidatos, con los que no coinciden.
Aparecen como los nexos entre quienes muchas veces pretenden resignificarse como lo nuevo y la sociedad, ellos, los mismos de siempre, gente que como consecuencia de reiterados reveses electorales no han podido plasmar sus aspiraciones, porque la gente les da la espalda, los esquiva, les huye, generalmente porque no representan las necesidades de la gente, por ello, sus expectativas de candidatos se desvanecen elección tras elección.
Acompañan a todo candidato que irrumpe sobre la faz política y entonces ahí vienen las fotos, el armado, el rosqueo, el local, la participación en los medios (pauta mediante), son esos 4 o 5 meses de gloria, en los que vuelven a sentirse importantes, esenciales, casi imprescindibles, se aprenden el discursito nuevo, los eslogan de este candidato que ahora representan, deben mostrarse consistentes, sin margen de error, después de todo es lo que mejor hacen.
Pobres los distraídos que no los “junan”, aquellos que llegan a creer en su verborragia, los que desperdician un voto, por la razón que fuese, descanto, bronca o vaya uno a saber el motivo, el tema es que ese voto cae al vacío, se diluye en un torrente de insignificancias en los que el elector jamás es considerado por ellos, pasa a ser un cliente o una víctima para ser más preciso, que luego de sufragar deja de tener protagonismo o relevancia.
Hay que tener coraje para trabajar en la campaña de Milei, por ejemplo, es saberse un desquiciado como él, cuanto menos, tener ese mismo odio social, portar el gen del neonazismo, aunque se llamen “libertarios”, son violentos, xenófobos, practican la aporofobia (rechazo, aversión hacia el pobre), sería inimaginable un país bajo las garras de un sátrapa como Milei, el hombre que pide el fin de la casta política y estuvo 26 años cobrando un sueldo del congreso.













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