De Titiriteros, Ausencias y Traiciones

De Titiriteros, Ausencias y Traiciones

Raúl E. Valobra

 

El domingo asumirá el nuevo gobierno, el de la gente de bien, ese que ya excluye en nombre de la Libertad y la Democracia a quienes votaron en disidencia y en el uso inalienable de la potestad de decidir su voto, algo sencillo, simple pero que habría que explicarle al flamante presidente, el de la motosierra, que todos somos argentinos, a pesar de no haberlo votado ni votarlo nunca, y todos a priori somos de bien, aunque jamás ni se nos cruce por la cabeza depositarle un voto.

Sin embargo, lo que mueve a esta opinión es que por primera vez en la historia, se observa la ausencia absoluta del término más hermoso que pueda mencionar un presidente: PUEBLO, ese concepto que nos engloba y nos contiene no existe en el violento léxico del “libertario”, el Pueblo no tiene visibilidad ni presencia para el futuro presidente, lo que en principio enciende un alerta, ya que el perfil de sus políticas no tienen en cuenta al 95% de la población y se centra en el beneficio del otro 5% en detrimento del otro.

Todas las evaluaciones y presunciones que se puedan hacer al respecto no deben eludir que en la centralidad de su ideario el colectivo popular más caudalosos del país está ausente en el vocabulario del improvisado y disparatado presidente, lo que torna inimaginable el devenir de toda la clase obrera, la devaluada clase media, discapacitados, jubilados, desocupados, pobres y excluidos, ya que ellos no figuran en los objetivos políticos expresados en sus dos años vinculados a la política, incluyendo la campaña electoral y sus vacaciones pagas en diputados.

En ese sentido es lógico deducir que quienes pertenecen a este Pueblo, votaron por alguien que no solo los ignora sino que además los aborrece, por consiguiente tiene todas las vías de exterminio habilitadas como para actuar con impunidad sobre los derechos populares y arrebatarle conquistas, por decir indemnización laboral, jubilaciones estatales, salud y educación gratuita, todo aguarda en lista de espera hasta que lo alcance el desguace del Estado y la Argentina retroceda a principios del 1900.

La tormenta perfecta se gesta en “la Rosada”, Macri, ahora devenido en titiritero, empuja a la tragedia social al irascible y flamante presidente que, haciendo gala de su desequilibrio emocional -y mental-, solo promete catástrofes y sufrimientos sobre la población, sobre ese Pueblo invisibilizado que será el motivo de sus ajustes, ya que al fin y al cabo lo peor de la “casta política” se plegó a su desprovisto equipo de gobierno para cooptarlo, infiltrarlo como bien vaticinó Mauricio en uno de sus balbuceos, mientras conspira contra Cristina, Riquelme y la economía del país corrompiendo parte de un poder judicial que apesta.

Por otra parte se puede ver a muchos traidores y arrepentidos saltar del barco o convertirse en exégetas del voto bronca para justificarlo, porque es más fácil actuar de Judas que plantear un debate serio y profundo para defender el proyecto nacional y popular que, aún con errores y desaciertos, siempre tiene como protagonista y destinatario de sus políticas públicas al Pueblo, hoy ausente y amordazado, habrá que esperar a que un test gratuito de ADN político se convierta en ley, así aquellos que se encuentren confundidos pueden finalmente hallar su rumbo y dejar de navegar en la ambigüedad y la tibieza.