La elección de Don Francisco
Por Gustavo Pascuas
Don Francisco, con sus cansados 82 años entra lentamente a la farmacia de su barrio con un bastón en una mano y la receta de sus medicamentos en la otra. Se acerca al mostrador y luego de saludar con un cálido: “buenos días Ana”, le entrega con su mano temblorosa ese papel con letra ilegible que le dio su médico. Luego de leerla, Ana busca lo indicado y le dice: “don Francisco, son 4230 pesos. PAMI ya no le cubre la medicación”.
Al escuchar esas palabras pareció no entender bien. No podía ser. Su jubilación apenas alcanzaba los 9000 pesos y la mitad se le iba en esa receta. Ana vio su cara de sorpresa y lo único que atinó a decirle es: “puede elegir uno de los remedios. Los otros los compra otro día. Y le hago el descuento especial”. Don Francisco, entre confundido y desolado, no supo qué contestar ¿Qué tenía que elegir?¿Cuál de sus achaques era menos importante?
Metió el papel arrugado en su bolsillo, dio media vuelta y salió cansinamente de la farmacia. En ese momento recordó todos los programas de la tele donde había escuchado tantas alabanzas al nuevo gobierno ultraliberal nos iba a llevar de vuelta al mundo, a la felicidad. Ahí nomás, con sus 82 años se dio cuenta en carne propia lo que en verdad había elegido en las últimas elecciones presidenciales: Que la única libertad que le dan estos tipos a un trabajador no es la de elegir cómo vivir, sino la de elegir cómo morir.
CAMBIEMOS irrumpió en la escena política en la última etapa del gobierno de Cristina Kirchner. Pero sus antecedentes son más añejos. Se podría decir que es la aventura de un niño rico caprichoso que le quiso demostrar a su padre que él también era capaz. No fue un alumno aventajado. Su título universitario es por lo menos de dudosa legitimidad y no se le conoce otro logro que el de ser el presidente del Boca Jrs. de los años dorados de Riquelme y Bianchi, protagonistas estelares de esa gesta donde Macri solo se dedicó a hacer negocios algo oscuros con los jugadores. Por algo ambos lo detestan.
Ya en el gobierno de la Ciudad de Bs As no hizo más que sumergirla en una inmensa deuda sin darle mejoras sustanciales a la gran orbe. Un par de kilómetros de subte, el Metrobús y no mucho más. Pero era el escudo más eficaz para evitar que el peronismo ganara alguna elección en un territorio tan árido para esta fuerza política, donde ni el General pudo.
Así como fue su vida, fue su campaña. Una retahíla de falsedades y mentiras, montadas en un formidable aparato publicitario donde el poder real (el Círculo Rojo al que alude MM) jugó muy fuerte sus fichas. Una catarata de promesas que eran la panacea para los trabajadores que, acompañada por una poderosa campaña de desprestigio a cualquier medida o política pública del gobierno “K” hizo que CAMBIEMOS apareciera como la esperanza para sacar al país definitivamente de la pobreza.
Claro que luego de ganar había que gobernar. Y ahí todo el marketing y el blindaje mediático poco pueden hacer con las heladeras vacías, con los “don Franciscos” que no pueden comprar medicamentos, con las escuelas que se caen a pedazos cuando no explotan por los aires, cuando miles y miles de personas quedan sin trabajo, cuando cientos de pequeños y medianos empresario y comerciantes ven cerrar sus persianas que en muchos casos habían abierto sus abuelos, cuando los chacareros dejan el fruto de su trabajo sin cosechar porque ni les conviene.
Cuando el gobierno exige sacrificios, pero ves que sus amigos se la llevan en pala a sus cuentas negras en Panamá. Cuando pibes y pibas son perseguidos por la policía por portación de cara. Cuando esos mismos pibes esperaban una computadora y ahora se la niegan porque ¿para que la quieren? Cuando se ve que la soberanía no es tema de importancia para CAMBIEMOS ya que ha entregado las riquezas australes a empresas británicas.
Ante toda esta ignominia, los logros del gobierno anterior lucen con más esplendor. También sus errores y desaciertos. Cristina ha tomado nota de esto y ha obrado en consecuencia. Ha puesto en marcha una estructura política y ahora está en todos sus actores darle musculatura, darle contenido. Ella nos ha dicho una y mil veces que no se podía volver si no estábamos dispuestos a ser mejores.
Tenemos un desafío enfrente que es reconstruir una Nación que está endeudada, desintegrada, con el entramado social muy dañado. La convocatoria debe ser amplia, generosa y con mucha humildad. La convocatoria es como dice el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional: “para todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. Para todos aquellos que crean que debemos construir una Patria Justa, Libre y Soberana.













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