Periodismo: El presente y el futuro de la profesión
Por Raúl E. Valobra
Se vuelve a observar al Periodismo, nacional y local, en estado de ebullición con improvisados actores y paneles, donde el tango “Cambalache” cobra vigencia cuando se comparten espacios de debate entre profesionales de reconocida trayectoria con faranduleros de espectáculo; especialistas en política con operadores descarados; mujeres o maridos de; todo se hace difícil de digerir en un solo envase que intenta arribar a conclusiones que no pueden ser tomadas en serio.
No existe peor enunciado que el que pretende cobrar estatuto de verdad absoluta y sólo responde a intereses creados (económicamente) o aquél que se suelta bajo la premisa de pensamiento independiente tratando –en vano- de investirse de una objetividad ajena al género humano, que se convierte en un filoso puñal de mentiras para quien pueda considerarlo verosímil, desde una mirada inocente.
El periodismo exige públicamente un lugar de privilegio en el desarrollo de la cotidianidad considerando a la profesión como el centro de un universo virtual que no concibe el desplazamiento lógico que el poder político le imprime, desde la indiferencia en el manejo de la agenda que el periodismo intenta imponer hasta la cooptación de voluntades y opiniones a través de la intervención del poder económico, la tercer pata en la complejidad de esta trama.
La Libertad de Expresión no significa que se pueda decir cualquier cosa; nada justifica la mentira o la calumnia; nada permite la ofensa gratuita ni la falacia intencional; nada puede argumentar a la acusación infundada ni el linchamiento mediático. Los PERIODISTAS no pueden ocupar el lugar de la Justicia, aunque colaboren con ella y la asistan constantemente.
Si por un lado se reclama la jerarquización de la profesión, ésta jerarquización deberá traer aparejada la depuración del espacio y la revisión de los contenidos, de otro modo se hace difícil encajar dentro del formato periodístico televisivo el show que se le anexa con la degradación que lo arrastra hasta la banalidad de farandulizar la noticia.
La revista “Noticias”, publicó en su tapa a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner crucificada, justo en el número que aparece en Semana Santa, concitando el repudio de la Iglesia ante una fecha tan significativa para la comunidad Cristiana, que es abrumadora mayoría en el país (y si no lo fuera sería igual de grave). Sin embargo, esto poco interesa para Fontevecchia y la perversidad manifiesta de su línea editorial que en su afán desmedido de lograr repercusión no conoce límites ni escrúpulos. Así lo demostró con el lucro de una foto al “Flaco” Spinetta cuando atravesaba el penoso proceso que desencadenó su muerte.
De esto también tenemos que hablar los periodistas y no quedarnos callados o mirar para otro lado exigiendo que se eleve el prestigio de la profesión si podemos vender nuestra intelectualidad al mejor postor, porque necesitamos dejar en claro que no se debe renegar por tener sentido de pertenencia a cualquier ideología, siempre y cuando se la denuncie públicamente. Pero sí debemos reflexionar sobre el rol que desempeñamos cuando nos convertimos en meros operadores políticos bajo la bandera de la objetividad, estamos movidos por el resentimiento ó por mandato oculto del dinero.
Todo es legal si se lo respalda con trabajo, dignidad y se ofrece sin envolturas a quien lo consume, lo demás es “pescado podrido” –perdón por citar un lugar tan común- en el menú de la gente para decir o callar; y a esta verdad no la modificará la Ley de Medios sin la intervención de quienes somos parte activa de esta esfera de la realidad.













Comentarios (0)
Comentarios de Facebook (0)