LAS MUJERES QUE MERECEN MI RESPETO
Las mujeres que merecen mi respeto no estaban ahí, vociferando como en un rapto de odio y de locura, violando toda norma en un contexto apremiante para las condiciones sanitarias del país, en el que se decretó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio.
No estaban ahí, expresando bronca, desde el egoísmo que las recorre, sin capacidad para ver más allá de sus propias necesidades y miserias, gritando contra un gobierno elegido por el voto popular, hace apenas 8 meses, de los cuales 5 estuvo en pandemia.
¿Acaso eso les importa? claro que no, solo les interesa saciar sus rencores atragantados, esas frustraciones que vienen desde el fondo de la historia y que les quita el sueño, y que se llama PERONISMO, contra el cual harían cualquier cosa para destruirlo.
Las mujeres que merecen mi respeto no estaban ahí, estaban en los hospitales sobrellevando la densidad de cada guardia, asistiendo a los enfermos, exponiendo su integridad física ante ese enemigo invisible llamado COVID-19, de pie sin desfallecer, cumpliendo un rol esencial.
En muchos casos, dejando a su familia por interminables horas y sin saber qué les depara esa nueva jornada laboral que enfrentan, mientras afuera un grupúsculo intrascendente de mujeres desestima el esfuerzo que ellas vienen realizando desde el comienzo de la pandemia.
Las mujeres que merecen mi respeto no estaban en la marcha, estaban de guardia brindándole seguridad a la población, en la policía, en tránsito o en los bomberos, peleando una batalla diaria, sin saber hasta cuándo hay que resistir y sin dudar de la responsabilidad y el compromiso que asumieron.
Las mujeres que merecen mi respeto, estaban arriesgando su vida por una causa justa y solidaria, LA SALUD DE LOS ARGENTINOS, manifestándose a favor de la vida, desde el accionar silencioso de la noble tarea que desarrollan, por un magro salario, aunque eso poco les importe.
Estaban con otros hombres que también arriesgan la vida palmo a palmo con ellas sin saber si al otro día estarán de pie o serán una nueva víctima del COVID-19, allí, sabiendo que despidieron a compañeras y compañeros en esta cruzada y que la mejor manera de honrarlos es trabajando.
Estaban ahí, sin poder secarse esas lágrimas, por las grandes ausencias que aún duelen, mientras el VIRUS, como en una ruleta rusa del azar juega con la vida de ellos para ver si alguien más cae bajo sus garras y ni siquiera así logra detenerlas, detenerlos, en su patriotismo cotidiano.
Las mujeres que merecen mi respeto estaban trabajando, dándolo todo por nosotros, sin pedir ni reclamarnos nada, SOLO QUE NOS CUIDEMOS. Las otras, enajenadas de odio, estaban manifestando su desprecio por el prójimo y por el sacrificio de cada trabajadora de la Salud y la Seguridad.
LAS CONCLUSIONES SON PERSONALES.













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