Muerte por una bicicleta y 8 millones de chicos pobres
Un joven de 15 años mató hace un par de días a un adulto de 47 años de un balazo para robar su bicicleta en pleno Retiro, al tiempo que la derecha intenta reducir esta gravísima y compleja problemática a una única medida: bajar la edad de la imputabilidad de los menores, a contramano de todas las estadísticas del mundo.
En simultáneo con este desgraciado suceso, aparece una nueva encuesta de UNICEF que asegura que la pobreza infantil en Argentina alcanzaría a más de 8 millones de chicas y chicos, entonces todo lo que se pueda expresar respecto del delito juvenil no puede eludir estas cifras que interpelan la tensión del tejido social.
Como respuesta a ese dato estremecedor, quienes tienen mayor responsabilidad sobre ese número de la pobreza, la asquerosa derecha pide bajar la edad de imputabilidad, creyendo que encarcelando a los jóvenes detendrán un flagelo que responde a una multiplicidad de factores que desencadenan en el delito.
Qué país es posible si tenemos 8 millones de chicos y chicas afectados por la pobreza, mientras los crápulas que fugaron, robaron, endeudaron, malversaron y nos fundieron piden extremar la represión, para atacar el daño colateral de todas sus políticas, en clara demostración del modelo injusto que nos proponen.
Hay dos mundos, dos realidades, en uno habitan esos jóvenes sin educación, sin salud, sin recursos, tal vez sin viviendas tampoco; en el otro están los millonarios que viven especulando con el futuro del país, viendo cómo seguir robándonos, con alfiles defendiendo sus privilegios y en el medio, el resto de los argentinos.
No debe sorprendernos la muerte del ciclista a manos del joven de 15 años, lejos de justificarlo, digo que es un milagro que haya un solo hecho tan dramático en un país que tiene 8 millones de chicos y chicas en condiciones de vulnerabilidad mientras una parte de su clase política, elige la cárcel como alternativa superadora.
Qué futuro se puede planificar si la dirigencia nacional no trabaja en forma seria y mancomunada, si no dedica todos sus esfuerzos en revertir esa estadística del horror que condena al fracaso cualquier proyecto político que no contemple erradicar la pobreza definitivamente del país, porque de otra forma ya nada será posible.
Siento dolor por el hombre muerto, un inocente que cae como consecuencia de tantas injusticias en la sociedad, pero mayor dolor siento por este y todos los jóvenes que, sin futuro, sin proyecto ni contención son víctimas inocentes de un modelo despiadado que los condena desde antes de nacer a arrastrarse en el lodo de las privaciones absolutas.













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