Sobre el penoso comunicado de la UCR local
Lic. Raúl E. Valobra
De verdad que el caricaturesco presidente de la UCR de Cañuelas cree tener autoridad moral como para cuestionar la decisión del gobierno nacional de no acatar el fallo sobre la coparticipación, en lo que significa una nueva embestida política del Poder Judicial sobre territorios del Ejecutivo.
De verdad que los cómplices más siniestros del Pro durante su gobierno quieren ahora dar cátedra de institucionalidad luego de todos los mamarrachos y tropelías que cometieron en el Estado para proteger sus latrocinios y llevarnos a la ruina económica del endeudamiento y fuga sistemática.
Esta gente que no dijo palabra sobre el nombramiento por decreto de jueces a horas nomás de asumir, que no opino sobre la Gestapo antisindical de Vidal, filmada en plena ejecución de su mafioso plan de persecución ni tampoco se expidió sobre el espionaje macrista a los familiares del ARA San Juan.
Esta gente que no sentó posición en la escandalosa connivencia en la causa Vialidad contra Cristina, entre el fiscal Diego Luciani (quien acusa a la vicepresidenta por las obras en Santa Cruz), el presidente del Tribunal, Rodrigo Giménez Uriburu y el expresidente Mauricio Macri.
Esta gente que no tuvo la catadura moral para repudiar los vergonzosos y obscenos sucesos del Grupo de Lago Escondido, que dejó al descubierto el modo en que las corporaciones opera con estos funcionarios, jueces y fiscales, que dilapidan la poca la credibilidad del Poder Judicial sin legitimidad ni legalidad.
Sin aburrir siquiera con otras cuestiones en las que sí deberían dar explicaciones ante la sociedad, por ejemplo los aportantes truchos y el departamento de Vidal, el destino de los 45 mil millones de dólares del endeudamiento o los motivos por los que Pepín Rodríguez Simón aún continúa prófugo de la justicia.
Los trasnochados dirigentes de la UCR aún no despertaron de su noche más oscura de excesos prostibularios en los que el prestigio del centenario partido quedó mancillado por la obtención de pequeños puestitos como rédito personal de algunos de ellos y el alto costo de la extinción como fuerza política.













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