De la conquista, nuestras corrientes migratorias y otras yerbas
Por Raúl E. Valobra
Ayer, mirando una serie española, se me dio por pensar en las corrientes colonizadoras y migratorias que llegaron a este país, desde el comienzo de nuestros tiempos de la colonia, con toda esa maldad que caracterizó sus conductas despóticas, desde siempre, ya que solo han buscado y buscan aún la expoliación artera de nuestros recursos, el sometimiento perpetuo, el usufructo irrestricto.
Y luego, debemos entablar relaciones diplomáticas con quienes nunca quisieron otra cosa que CAGARNOS, de la forma que sea, hablo de Italia, España, hasta Inglaterra, con todo lo que subyace en el medio, qué perversos han sido, siniestros, asesinos, esclavistas, esta raza de conquistadores que devinieron en explotadores, saqueadores, capaces de matar con tal de poder asegurar su botín.
Hablan hoy desde Europa como si fuesen el sumun de la civilización cuando han significado la barbarie, asociados a la muerte, a la conquista a través de la violencia, de asolar y arrasar territorios y gente, en la búsqueda de riquezas que estaban en otras manos, distintas, ajenas al asqueroso eurocentrismo que los caracteriza, eso sí llevando como bandera la intención de civilizar.
África, Asia, América, Australia y luego todas las disputas internas por prevalecer, las interminables guerras intestinas, son una muestra explícita de las intenciones altruistas y filantrópicas que persiguen quienes alguna vez se embarcaron rumbo a la conquista, con esa ansiedad asesina y destructiva que los trajo hasta el resto de los continentes enumerados anteriormente, a la vista está que nada fue en pos de la humanidad.
Siglos después seguimos transitando por las asimetrías de una relación que nos tiene en desventaja, relaciones comerciales que nos han estafado, acuerdos bilaterales que jamás fueron beneficiosos para los países emergentes, esa catalogación que nos han impuesto, emergentes de sus garras, de sus asquerosas ambiciones que nos han condicionado con el beneplácito de cierta burguesía que intentaba mirarse en ese espejo y por dinero vendían hasta la patria.
Algunos pocos llegaron a sumar trabajo y en un nuevo mundo, solo unos pocos vinieron a darlo todo por sus sueños en otras tierras, aquellos pioneros que ayudaron al desarrollo de nuestro país, con su sacrificio y abnegación pero de ellos los libros no hablan ni tienen registro, porque de los que nombran merecerían estar presos por cada delito que cometieron: genocidio, tropelías, vejaciones, torturas, esclavitud, entre otras aberraciones, heridas que aún no cicatrizan.













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